“Cuadrando perfecto” Aspectos financieros de Guía para la publicación de libros de Datus C. Smith

Abordar el tema del financiamiento editorial es, para nosotros los amantes de las letras, un asunto de otras ligas. La lógica evidente es la siguiente: a mayor reducción de costos, mayores ingresos. Si el fin no es lucrativo menores subsidios en la edición reflejarán éxito en la producción editorial. Mejor aún, si el tiraje es numeroso el costo por unidad disminuirá. El editor debe ser visionario y congruente con la realidad, el tiempo que tomará recuperar las ganancias, el éxito en el público y la composición de un material de calidad.

Los editorImagees suelen llevar registros de diferentes maneras. Una de ellas es organizarlo de la siguiente forma: Costos de preparación editorial, costos de manufactura y costos de comercialización y distribución. Así el planeador no perderá el hilo de los gastos hechos. Otra categorización consiste en organizar la lista de inversiones en costos automáticamente variables, incrementados con la cantidad de ejemplares a distribuir y costos no variables, los cuales no varían sea el número que sea en la edición. El ejemplo por antonomasia de un costo variable es el papel y como costo no variable los precios de la promoción, los pagos por los derechos de autor y la corrección y diseño son los más coherentes.

A pesar de concebir los gastos de promoción como costos no variables, la cobertura intentada depende de el tipo de libro, su potencial de ventas y la respuesta del público. El editor prevé en las ganancias los salarios de su equipo -el cual mientras más especializado, mejor-. El porcentaje de gastas lo ubica Datus C. Smith Jr. en el 25% de los ingresos de la venta.

Para calcular los ingresos es necesario tomar en cuenta el precio al público -variante en las diferentes masas continentales-, la cantidad de ejemplares vendidos, los descuentos a los clientes y los costos eventuales de comercialización (deudas, gastos de envío, representantes de ventas, aproximados a un 15% del gasto). El editor hará bien su trabajo mientras sepa tomar las decisiones apropiadas para no gastar demasiado y obtener mayores ganancias.

El crecimiento del precio por copia de composición es el elemento más importante para entender el principio de reducción de costos; conforma aumenta el número de ejemplares el costo por composición suele disminuir, los costos de impresión y papel, como gastos variables pueden crecer medianamente.

El precio de venta se eleva a factor cinco o siete en los casos más sobresalientes. No se desea perder dinero por los ejemplares mal impresos, los regalados a las librerías o los depreciados por los descuentos. En caso de lograr vender todos los ejemplares el editor podrá ver aumentada la ganancia de forma considerable contra la inversión hecha. El editor calcula el número de ejemplares vendidos para recuperar los costos de producción. Para ello se vuelven a desglosar los costos por ejemplar y se determina la retribución neta con las ventas.

En algunas ocasiones se contemplan derechos subsidiarios. Estos son los pagos  por los permisos que el autor o el traductor da por reproducir su trabajo. En Asia, África y América Latina los autores no perciben grandes sumas por estos gastos. Ello será proporcional al interés público hacia la lectura.

Por la inestabilidad del mercado y el compromiso adquirido por el editor en materia de desarrollo social y educación, los precios deben ser accesibles, al menos, congruentes con la economía local. El editor no se puede dar lujo de gastar grandes sumas en promoción, edición y producción con miras a tener un futuro en el panorama editorial. Los intereses atribuidos al proceso deben recuperarse  en forma de ventas.

En países como México no se ha ayudado a financiar a la industria editorial. El planeador editorial debe proyectar su trabajo a futuro y desempeñarlo con responsabilidad. Debe hacerse notar por los sectores institucionales, intelectuales y colectivos preocupados por la educación pública. Así podrá esparcir a la sociedad la proporcionalidad directa entre el bienestar y su alcance económico, su impacto real.

La dimensión social de las empresas editoriales es aún más trascendente de lo pensado. Inclusive, deberíamos sostener que el político carente de una visión en materia de inversión educativa no podría hacer prosperar al pueblo en cuanto a la calidad educativa. ¿Deberíamos exigir a nuestros gobernantes mayores apoyos a la producción cultural impresa? ¿Una campaña televisiva y radiofónica podría poner en desventaja a los mismos emporios multimedios como si peligraran a dejar de ser consumidos en el contexto actual?

 

Bibliografía:

Smith Jr., Datus C. Guía para la publicación de libros, “Aspectos financieros”, pp. 35-53.

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